Sillón T de Twitter

De todas las redes sociales que conozco, aunque sea de oídas, Twitter me parecía la más limitada con diferencia – no meto Tuenti, que me parece una cosa para quinceañeros sobrehormonados. ¿Qué se va a poder expresar en 140 caracteres? De hecho, mi perfil lo creé como complemento al blog, para no tener que ponerme a escribir entradas. Como se puede comprobar, cuando me pongo me salen unos tochos de escándalo así que lo de los 140 caracteres puede que hasta esté bien para limitarme. Al fin y al cabo, no todo merece escribir una entrada.

Precisamente, en los últimos días, ha surgido una polémica cuando Arturo Pérez-Reverte escribió en su perfil que Moratinos “no había tenido huevos ni para irse” y que se había ido “gimoteando como un perfecto mierda“. Menudo embolado ha montado con el académico del sillón T (T de Twitter, mire usted por dónde). Inmediatamente me he hecho seguidor, tiene jugo lo que escribe. Y no he podido evitar echarme a reír con algunos de sus tweets, además de lo que los usuarios escriben de él en #perezrevertefacts (el que quiera reírse un buen rato, que entre). Por cierto, Twitter me parece una estupenda forma de comunicarse mano a mano con sus lectores, que son legión. Que al fin y al cabo, es de lo que se trata en esto de las redes sociales.

Llevo muchísimos años leyendo a Pérez-Reverte y, salvo su última novela, El AsedioTerritorio Comanche y alguna obra menos como Cachito u Ojos Azules, creo que he leído prácticamente todos sus libros. Aunque me gusta cómo escribe, no puedo evitar pensar que es un maestro planteando la trama, mantiene bien el nivel durante el nudo pero en el desenlace parece que el editor le mete prisa (“Arturo, que vas con retraso”) y resuelve deprisa y corriendo en 15 páginas lo que lleva preparando en 600. Luego está el tema de que sus novelas siempre giren en torno a temas comunes, pero me temo que la literatura es precisamente eso.

Como columnista, incluso estando aquí leo todos los domingos Patente de Corso y, si a veces este blog parece el ciscadero, las columnas de Pérez-Reverte son un despotricadero sobre todo lo que le da la gana y sin ahorrarse tacos. Está claro que el hombre es políticamente incorrecto, aunque no se puede evitar tenerle cierta envidia; si despotrica de lo que quiere, es precisamente porque tiene la vida resuelta y ya nadie le puede callar la boca. El sueño de cualquiera.

Por otra parte, tendría que hacerse mirar las adaptaciones de sus películas, porque son todas de espanto, desde La tabla de Flandes, que me parece su mejor libro y es una película pésima, pasando por La novena puerta, que es un pufo integral, hasta Alatriste, donde Viggo Mortensen trata de ocultar su acento argentino hablando en susurros (y no digo nada de que Blanca Portillo haga de inquisidor, ¿una mujer inquisidora? Pa habernos matao…). No creo que sea tan difícil adaptar las novelas de Pérez-Reverte como para que hayan salido unos pestiños semejantes.

Y para terminar, un poquillo de humor chanante.

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