Una cena muy fructífera (y castiza)

Como ya anuncié aquí, esta semana me apunté a la Alumni Dinner de Chalmers, junto con casi todos los alumnos internacionales de primer año del master. Se trata de una ceremonia de apertura del curso en el que los nuevos alumnos pueden conocer a investigadores, otros nuevos alumnos y gente de la industria. Me pareció interesante y además es una buena oportunidad para hacer contactos con gente que está metida en el mundillo relacionado con nuestro master. Y, como siempre, la Student Union (acabo de pagar mi cuota semestral, de unos 23 €, las únicas tasas que se pagan en esta universidad) está detrás de todo esto.

Tras el equivalente sueco a “un vino español”, es decir, una copita de champán, nos dirigieron hacia el restaurante donde comemos habitualmente en la universidad, que habían engalanado para la ocasión – lleva mucho trote, el sábado era una discoteca y el lunes había una cena de gala, más o menos. En cada mesa había un cartelito con el nombre del gremio al que estaba asignada. En principio, ninguno de los del master encontrábamos una que nos correspondiera, ya que nos habíamos registrado como alumnos de Electrical Engineering y la única que parecía ir con nosotros era la de Microtechnology and Nanoscience (MC2), que es justo el edificio en el que damos clase. Curiosamente, nuestro master se da alejado del resto de Electrical Engineering, que es nuestro gremio. En su lugar, estamos en un edificio anexo al de Física.  Efectivamente, esa mesa era la nuestra.

Con nosotros se sentó Martin Fabian, profesor de Señales y Sistemas y Rohan, un chico de Jamaica que había estudiado en Chalmers y ahora está trabajando en la industria alrededor de la ciudad. Pudimos hablar con ellos largo y tendido y fue muy interesante. Sólo por ello mereció la pena haber asistido a la cena.

El comedor. La foto es del móvil, así que deja bastante que desear, pero se capta la idea.

El guión de la cena lo condujo un chico del consejo de la Student Union, de traje y corbata – tengo que empezar a pensar en traerme la ropa elegante en Navidad, visto lo que les gusta a los suecos ponerse formales en estas ocasiones – junto con una chica española que yo no conocía. De vez en cuando, se hacía un brindis (Skål!), acudía alguien del público representando a la Asociación de Ingenieros de Chalmers, al grupo de Relaciones Internacionales de Chalmers, la Student Union, etc. y nos daba una charla. También se cantaron unas cuantas canciones, tanto suecas como en inglés, aunque no con mucha gracia. Sospecho que faltaba más alcohol en la mesa, porque eran canciones de curda estilo Asturias, patria querida o el vino que tiene Asunción. Vecinos asturianos, perdonadme.

Se habló sobre las particularidades de Suecia, el que a los profesores se les llame por el nombre de pila como símbolo de que es un país en el que el trato es muy informal (en España, lo de los profesores está superado con creces :-S), los horarios del país (estábamos cenando a eso de las 7 de la tarde) en comparación con España (sí, sí, pusieron como ejemplo el contraste entre Suecia y España), el invierno y la falta de luz (ojito con la depresión, no acabemos todos en el Systembolaget agarrados a una botella). Se comentó también cómo el año que viene se empezará a cobrar tasas a los estudiantes de fuera de la Unión Europea que comiencen a estudiar aquí – excluyendo los Erasmus, que no pagarían nunca, los alumnos internacionales de master afectados son la inmensa mayoría. Europeos somos cuatro gatos – y como a la universidad le hace poca gracia, ya que va a perder alumnado y, en consecuencia, el número de masters se reducirá de unos 50 a unos 35 en principio. En particular, nuestra promoción del master será la última, ya que parece previsible que se fusione con otro.

En este punto, le pregunté a Martin, el profesor de Chalmers, cómo se financiaba la universidad, porque Chalmers huele a pasta gansa. Yo pensaba que vendría casi todo de donantes privados, pero me dijo que la mayoría del dinero sigue viniendo del Estado. Durante muchos años, los Socialdemócratas gobernaban el país (me hizo mucha gracia cómo usaba el término socialists y no socialdemocrats) y tenían mucho control sobre las universidades, incluyendo la prohibición de que se cobraran tasas por la educación a cualquier estudiante, viniera de donde viniera. Cuando la derecha gobernó unos años en los 90, reformaron el sistema universitario para liberalizarlo, pero al cabo de cuatro años volvieron los socialdemócratas y reformaron la reforma. En las últimas elecciones de 2006, una coalición desplazó a los socialdemócratas de nuevo y se aprobó el cobrar tasas a los estudiantes extranjeros. A nosotros, en cualquier caso, no nos afecta. Por cierto, el domingo hay elecciones generales de nuevo.

Evidentemente, los profesores y la universidad no ven con buenos ojos esta nueva situación. Por un lado, pierden alumnos y financiación (más allá del enriquecimiento cultural que haya al venir gente de lugares tan diferentes y que Chalmers haya pasado de ser una universidad sueca diseñada por suecos para suecos y en sueco a un centro internacional de cierto prestigio), pero también porque, según nos dijeron, hay muchos alumnos que acaban quedándose en el país y devolviendo vía impuestos lo que se ha invertido en ellos, de modo que el sistema puede hasta estar compensado.

Entre tanto, apareció por allí la orquesta de Chalmers a hacer un truquillos de magia y tocar – muy bien por cierto. Pero es que luego entró el grupo de baile de la universidad y los dos tocaron y bailaron esto:

(Advierto que el vídeo es largo, que el móvil graba un vídeo bastante malillo, que había poca luz y que tengo un pulso como para tocar la pandereta, pero merece la pena).

Parecía aquello una corrida de toros. Soy un poco descastado y no sé exactamente el nombre de la pieza, pero alguien dijo que era España cañí. Si alguien me lo puede confirmar, se lo agradecería. Después del detalle castizo, hasta mi compañera de master Ana (de México) se animó a subir a la tribuna a cantar Ten little indians.

Notaréis que no he hablado de la comida. Nos sirvieron un pyttipanna bastante normalito y un brownie con nata muy rico.

Después de la cena, fuimos a tomarnos una cerveza al pub del edificio con Rohan, el chico jamaicano, para que nos contara su experiencia. Él estudió en la Northeastern University, en Boston (Nuria, ¿te suena?), estuvo unos años trabajando en EEUU y luego se vino a Suecia a estudiar un master, en algo relacionado con Física y Microtecnología. Se ve que el frío de Nueva Inglaterra no le asustó demasiado, incluso viniendo de Jamaica, y quiso repetir la experiencia. Después estuvo unos años trabajando también en EEUU y, desde hace unos años, está en Göteborg trabajando en SCA, una gran empresa sueca de derivados del papel. Concretamente, en la fábrica de aquí producen pañales, compresas, tampones y demás cosas. ¿A qué huelen las nubes? ¿A qué huelen las cosas que no huelen? Hola, soy tu menstruación. No sólo de publicidad chorra vive el mundo de la celulosa aplicada a la higiene…

Ah, ¡el increíble mundo de los pañales! Es un producto que siempre tiene demanda, en el que no compensa importarlo sino fabricarlo localmente y que está permanentemente optimizándose, por aquello del ahorro de costes. Concretamente, Rohan se dedica a los procesos de optimización e I+D de las máquinas, que producen una cantidad bárbara de unidades por minuto, que son muy complejas y que cuestan una pasta. No es física cuántica, como estudió en el master, pero sí que es ingeniería. De hecho, nos dijo que le escribiéramos si nos interesaba trabajar en verano en el departamento de I+D de la compañía. Puede ser interesante…

También nos hablo del lagom, el concepto sueco de moderación, ni poco ni demasiado, todo en su justa medida. Cómo, en general, a los suecos no les gusta aparentar – ni los que aparentan, diría yo. Y con esto y un comentario sobre lo bien que se trabaja en este país, productivo pero sin demasiado estrés, con muchas vacaciones, flexibilidad y unos permisos de paternidad y maternidad impresionantes para los niveles españoles – sostenido por unos impuestos de aúpa, claro está, aunque los sueldos también son altos comparados con los nuestros – nos despedimos todos, que había que madrugar a las 6:30 al día siguiente.

Y también me despido yo, que mañana también toca madrugar a la misma hora.

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4 comentarios

Archivado bajo Chalmers, Curiosidades, Educación, Estereotipos, Política

4 Respuestas a “Una cena muy fructífera (y castiza)

  1. Nurieta

    Efectivy wonder, hermanito, es España cañí, un pasodoble bien bonito: http://www.youtube.com/watch?v=WEt0pSfND8M

  2. Nurieta

    Ah, por cierto, muy chulas las lamparitas en plan bombilla ecológica enorme del comedor.

  3. Ese pasodoble está en mi biografía oculta, en la sección “bailes escolares”… 😆

    No se con qué quedarme, si con la versión con letra de Manolo Escobar, o la del “Mira quién baila” universitario sueco. 🙄

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