Festus interruptus

Nadie que me conozca podrá decir que soy una persona muy fiestera. Más bien todo lo contrario. En cualquier caso, en mi experiencia de ocio nocturno he visto un poco de todo:

– Que la gente se tire hielos a las tantas de la mañana, abriéndose brechas en la cabeza y acabando en el hospital (memorable fiesta universitaria)

– Ocultar orujo casero quemaentrañas en una botella de agua de Solares, causando estragos en el personal.

– Que vengan los municipales a terminar con la fiesta en un bar alquilado al efecto por pasarnos de la hora.

– Que un guarda de seguridad sueco leguleyo crea haber visto que le has pegado un empujón a alguien y te saque tarjeta roja.

– Que vengan los municipales antes de las doce de la noche porque estamos haciendo mucho ruido, y encima vengan de cachondeo porque tenemos un karaoke y estamos cantando a todo trapo el hit de un friki grupo madrileño compuesto por tres señoras de una edad (no doy más detalles, que esto es un punto negro en mi biografía y la del resto de asistentes).

Lo que hasta ahora no había visto es una fiesta enorme evacuada por una alarma de incendios, como pasó ayer en la segunda FestU organizada por la Student Union de Chalmers. Ya había acudido a la primera y ésta tampoco decepcionó. En pocas palabras, un fiestón con siete pistas de baile con sus diversos tipos de música (afortunadamente, aquí no parece haber llegado el reggaeton ni las latinadas, y se agradece), ni sé cuántos bares diferentes, piscina para los más atrevidos, colchonetas hinchables como los de las ferias (esto no es muy recomendable hacerlo con el estómago lleno) y un final que ninguno nos esperábamos. Para los ex-linköperos, un kravall al cubo.

La pista, un poco vacía cuando llegamos

Para conseguir entrada para la fiesta, el lunes pasado hicimos una cola considerablemente larga – Suecia es el país del coja número y haga cola para todo, el concepto pescadería aplicado a todo – y pagamos religiosamente 100 coronas (algo más de 10 €)  que costaba. Posteriormente, hubo una polémica por la documentación que habría que presentar para entrar: la organización quería que todos los extranjeros lleváramos pasaporte, montando alboroto entre los europeos que, al fin y al cabo, no tenemos por qué tenerlo aquí; para eso ya tenemos el DNI. Finalmente, admitieron que lleváramos el DNI y no llegó la sangre al río. No sé exactamente qué tenía que ver este tema de la documentación con las restricciones a la venta de alcohol de la Student Union, pero algo de eso había.

El sábado por la noche, quedé con los del master y allá que nos fuimos, lloviendo a base de bien. En la correspondiente cola, ya comprobamos que muchos de los suecos ya habían hecho el calentamiento en casa (vamos, que llevaban un pedal de escándalo) y que la seguridad controlaba que nadie metiera alcohol de fuera (una guardia confundió el estuche de las gafas que llevaba en el bolsillo con una lata de cerveza).

La cola (ésta es de la fiesta anterior, cuando no llovía, pero vale como referencia)

Afortunadamente, pudimos entrar en el edificio pronto y dejar nuestros abrigos en el guardarropa, así que no nos mojamos mucho ni tuvimos que aguantar demasiado a los nativos borrachos. Pudimos comprobar que había mucha gente que iba de punta en blanco: esmoquin, traje, pajarita, corbatas de dudosísimo gusto, vestiditos largos (y cortísimos también), etc. Luego, un sueco que iba de aquélla guisa nos dijo que era algo para los alumnos de primer año. Posiblemente, aunque yo vi a individuos e individuas que iban casi de boda y parecían haber cumplido hacía tiempo los 20, ¿tal vez un poco talluditos para entrar en la universidad? La noche me confunde… También noté que había mucha humareda dentro del edificio, como si se estuviera metiendo el humo de la barbacoa que estaba haciendo la organización en el exterior.

Tras recorrer el edificio y casi todas las pistas de baile, teníamos ya formado un grupo de gente de master y Erasmus apañadito greco-turco-italo-sueco-franco-lituano-español y nos lo estábamos pasando estupendamente cuando se apagó la música y nos hicieron salir a todos del edificio. Fuera hacía fresquito y llovía, y allí estábamos unos cuantos cientos de personas, unos en mangas de camisa y otras en tirantes. Pregunté a un guardia de seguridad si era una alarma de incendios lo que había provocado todo aquello y me dijo que sí, así como que me alejara unos metros del edificio. Para aquellas alturas, era evidente que no había realmente fuego en el edificio y yo no estaba bloqueando ninguna vía de salida pero a mí, como al resto, nos fueron echando de los únicos sitios donde estábamos resguardados de la lluvia. Al final, acábamos un montón de gente debajo de una pasarela para no acabar hechos una sopa. Algunos cachondos empezaron a cantar Seven Nation Army, de The White Stripes (una canción que se usaba en el mundial de hace cuatro años) a voz en grito.  Surrealista.

Resguardaditos de la lluvia

Para el que no la conozca:

Al cabo de un rato, se montó otra cola en la puerta del edificio, imagino que para llegar al guardarropa y conseguir los abrigos y paraguas. Ante el riesgo de que se montara una avalancha, los de la organización tuvieron la idea de que la gente no sólo pudiera recoger su ropa por la noche, sino también al día siguiente a mediodía. Y nos la anunciaron con un megáfono.

Cola para volver a entrar en el edificio

"¡No se empujen! ¡Mañana a las 12 también pueden venir a recoger sus abrigos!" decía el esforzado sueco. "¡Y una m*****!" respondía la multitud. "¿Te crees que nos vamos a ir sin abrigos con la rasca que está cayendo?"

Gracias a Baran, uno de mis compañeros de master, que entró con los tickets de la ropa de casi todos nosotros, al cabo de 10 minutos teníamos todos nuestros abrigos y paraguas. Luego nos fuimos cada uno a nuestras casas, que ya no estaba el ánimo para más festejos y eran casi las 3 de la mañana, pero en la siguiente überfiesta de éstas, si tengo tiempo con exámenes y clases, estaré seguro.

Actualización: en esta web explican que la (falsa) alarma de incendios vino de RunAn, el auditorio del edificio (donde el cine), donde dicen que hubo gente que entró pese a que estaba cerrada. A mí me huele a excusa barata, porque pasé por allí poco antes del guirigay y la puerta seguía cerrada y todo estaba aparentemente tranquilo. Yo apuesto por el humo de la barbacoa. De hecho, mi ropa apesta a humo y dentro del edificio no podía fumar nadie…

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